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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>El señor de las arenas</title><link>http://petrus.blogia.com/</link><description><![CDATA[ Tú ves que el agua es más blanda que la piedra, pero si mucho pasa sobre ella, al final le hace rastro 
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Thu, 12 Nov 2009 18:28:31 -0600</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>Turn off</title>
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	<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 18:28:00 -0600</pubDate>
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<title>Ultima estacion</title>
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	<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 14:41:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<title>Road</title>
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		<description><![CDATA[ ¿Adónde se ha ido el mundo?Está todo lleno de caníbales...... 
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	<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 13:26:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<title>Lonely Oak</title>
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	<pubDate>Tue, 29 Sep 2009 20:19:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20090929201941-dsc06285.jpg"  class="center" alt="20090929201941-dsc06285.jpg" /><p>Inmenso, disperso, silencioso, como un roble milenario. Inmóvil. Con las raíces hundidas y profundas a cientos de metros, fundido con la tierra, condenado a vivir inmóvil, sin más expectativa de cambio que acabar siendo la guarida hueca de un tejón o un trepador azul.</p><p style="text-align: justify;">Acorralado, como si el bosque hubiese huído hace décadas. Apenas viendo al roble más cercano a una milla, y con la montaña que alimentó tantos sueños de empresas heróicas, hoy oculta por la línea de un horizonte dibujado de muros grises y sucios de hormigon de protección oficial.</p><p style="text-align: justify;">Desubicado. En este antiguo bosque sagrado en el que sus antepasados fueron venerados, y hoy el último roble es acorralado, incapaz para escapar. Justo llegado para ver cómo desaparece su razón de ser. El roble solitario junto a la rotonda.</p><p style="text-align: justify;">Mirando de reojo a esas ruinas de las que contaban que pertenecían a un monasterio en el que, siglos atras, los hombres se refugiaron para preservar el saber de otros hombres sabios del pasado de perderse en la sima del tiempo. Lo consiguieron, aunque nadie fuese después a recuperarlo.</p><p style="text-align: justify;">Pero los robles, ni siquiera saben escribir, solo susurrar historias al viento de la tormenta. Historias que ya nadie escucha. Y ya no temen al rayo, sino a los traicioneros hombres.</p>	
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<title>Tasca</title>
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	<pubDate>Mon, 13 Jul 2009 12:39:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20090713124136-dsc04698.jpg"  class="center" alt="20090713124136-dsc04698.jpg" /><p style="text-align: justify;">Le costó algunas horas y unos cuantos pasos difíciles que su rudo pero sobrio todoterreno alcanzase el lugar. También alguna equivocacíón, en cruces que en la memoria eran diferentes. Todo el camino, una fina capa de ceniza aparecía en los rincones del bosque, pero a esas horas de la tarde, cuando el sol había iniciado ya la cuesta abajo tras las montañas, el hayedo aparecía tan oscuro que era difícil saber cuáles eran las partes quemadas y donde se habían salvado los árboles. Afinó el olfato como un rastreador comanche, pero no acertó a detectar el torvo olor a quemado latente bajo la tierra. A su nariz sólo acudía el suave olor a gasóil mezclado con polvo que su coche levantaba. Alcanzó al fin el último claro del bosque a partir del cual un paseo a pie le llevaría hasta el lugar.</p><p style="text-align: justify;">Anduvo entre los árboles, en una zona que parecía desconocer el pavoroso incendio que metros más abajo había arrasado el bosque como si el mundo se hubiera marchado para siempre. Algunos helechos, y lianas, se dejaban descolgar de los troncos de los árboles, y la tasca se esponjaba bajo sus pasos mientras, hacia arriba, el arbolado comenzaba a dispersarse y dejar pasar la última luz del ocaso indicando que estaba ya rondando los dos mil metros.</p><p style="text-align: justify;">Alli estaba la caseta.</p><p style="text-align: justify;">Después de rodearla como un depredador inexperto, se decidió a abrir la puerta. Le costó algunos empellones, pero al final la caseta se dejó abrir. El polvo había barnizado todo el interior, como en un abandonado cuadro en una sacristía de un pueblo deshabitado. Algunas estanterías vencidas por el envejecimiento de la madera habían dejado caer algunos libros sobre la mesa, y la escueta cocina parecía a la espera de una receta que la revitalizase. Paseó aturdido por su interior, reconociendo los objetos y los rincones, sometido a un atronador bombardeo de recuerdos, por un instante. Cogió un libro del suelo. Pensó en soplar el polvo, pero en su lugar lo retiró con la mano, lentamente, como acariciando a un recien nacido. Una vieja edición de Boecio, amarilleada, pero intacta en su contenido, apareció bajo la capa de tiempo.</p><p style="text-align: justify;">Reparó entonces en el escritorio. Un cuaderno abierto y una vieja pluma habían sucumbido a la pátina de la inmovilidad. El cuaderno levemente arrugado por la humedad mostraba aún unas líneas sin terminar. Retiró el polvo solemnemente y leyó algunas frases, luego otras páginas, saltando entre ellas como en un juego de adivinación.</p><p style="text-align: justify;">Pasó a la siguiente página, inmaculada aún, protegida por el envejecimiento de las de encima. Sacó de su bolsillo un bolígrafo nuevo, cuyo brillo contrastaba con los que aún permanecían en un cubo de madera sobre el escritorio. Se sentó, y se inclinó sobre el cuaderno. Lanzó un breve vistazo sobre la ventana, donde ya se mostraban las estrellas de forma exhuberante.</p><p style="text-align: justify;">Escribió una línea:</p><p style="text-align: justify;">"Anoche soñé contigo. Otra vez"</p>	
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<title>Goethe</title>
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		<description><![CDATA[ Después de tanto tiempo, me he dado cuenta.No eras más que un hermoso yunque en busca de otro martillo.... 
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	<pubDate>Sat, 14 Mar 2009 01:27:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<title>Melencholia I</title>
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	<pubDate>Tue, 20 Jan 2009 00:28:00 -0600</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20090120002754-durero-melancolia-big.jpg"  class="center" alt="20090120002754-durero-melancolia-big.jpg" /><p><em><strong>Siempre que te vengo a ver te tengo de hallar o estudiando o dibujando o trazando. Bien sería tomases algunos ratos de placer, porque como sabes, la mucha continuación del estudo engendra melancolía, y la mucha melancolía incita y mueve enfermedades. No sin causa el viejo Catón manda entremeter placeres a vuelta de los cuidados.</strong></em></p><p><strong>Diego Sagredo; <em>Las medidas del romano</em>; 1564</strong></p><p><strong></strong></p><p><strong>* Grabado: Melencholia I, Alberto Durero, 1514</strong></p>	
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<title>Marco Aurelio</title>
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		<description><![CDATA[ Es sencillo ver cuándo uno esta equivocado. Cuando tiene la impresión de que el mundo entero se equivoca.Marco Aurelio, en el libro que dejó a sus hijos llamado "Meditaciones" venía a decirles que no se enojasen o apenasen... 
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	<pubDate>Wed, 29 Oct 2008 22:02:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20081029222301-dsc00877.jpg"  class="center" alt="20081029222301-dsc00877.jpg" /><p>Es sencillo ver cuándo uno esta equivocado. Cuando tiene la impresión de que el mundo entero se equivoca.</p><p>Marco Aurelio, en el libro que dejó a sus hijos llamado "Meditaciones" venía a decirles que no se enojasen o apenasen por aquello que, siendo de su naturaleza, pudiese afectarles negativamente, porque no estaba en sus manos evitarlo.</p><p>Si uno trata de que el mundo sea un poco mejor, de ayudar a cualquiera que lo necesite, de esforzarse por una idea y por un fin, y a cambio recibe un mundo un poco peor, el desierto completo a la hora de apoyarse, y el hurto de los fines sin que medie esfuerzo alguno... No es el mundo el que se equivoca.</p><p>Pero está uno de más. No tiene sitio</p>	
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<title>Ego Ruderico</title>
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		<description><![CDATA[ La gente fue saliendo. Lentamente.Al alba, en trenes ruidosos y torpes que trataban de esconderse  por áridas vaguadas. Los perros que no tuvieron la suerte de terminar ahogados en el fondo del río con una piedra atada al cuel... 
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	<pubDate>Tue, 14 Oct 2008 03:17:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20081014031750-dsc03772.jpg"  class="center" alt="20081014031750-dsc03772.jpg" /><p>La gente fue saliendo. Lentamente.</p><p>Al alba, en trenes ruidosos y torpes que trataban de esconderse  por áridas vaguadas. Los perros que no tuvieron la suerte de terminar ahogados en el fondo del río con una piedra atada al cuello, murieron persiguiendo al tren dias y noches, o atropellados por él.</p><p>Las tierras fueron quedando yermas. Las casas fueron saqueadas, y sus puertas secuestradas. Los gorriones emigraron al pueblo de al lado, donde unos ancianos agrietados los vieron llegar y supieron que su hora estaba cerca.</p><p>Las viviendas quedaron violadas y aturdidas en medio del páramo naranja. Las flores se subieron a las tumbas extrañadas de tanta calma.</p><p>Fue una noche. El pueblo quedaba atrás, y el tren se resguardaba entre la ténue silueta de las montañas dejando que su humareda flameara al viento como la capa de la misma muerte.</p><p>El silencio conquistó el lugar, y ni los fantasmas quisieron quedarse.</p><p>Fue hace poco, no tanto. Fue no muy lejos, aqui al lado. Quizá ahora, quizá aqui.</p>	
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<title>Roadside</title>
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		<description><![CDATA[ Aqui me pongo a cantarAl compás de la vigüelaQue al hombre que lo desvelaUna pena extraordinariaComo el ave solitariaCon su cantar se consuela...De "El Gaucho Martín Fierro", Juan Hernández, 1872... 
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	<pubDate>Sun, 12 Oct 2008 00:52:00 -0500</pubDate>
<category>Hacia Itaca...</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://petrus.blogia.com/upload/20081012005226-dsc03708.jpg"  class="center" alt="20081012005226-dsc03708.jpg" /><p><strong><em>Aqui me pongo a cantar</em></strong></p><p><strong><em>Al compás de la vigüela</em></strong></p><p><strong><em>Que al hombre que lo desvela</em></strong></p><p><strong><em>Una pena extraordinaria</em></strong></p><p><strong><em>Como el ave solitaria</em></strong></p><p><strong><em>Con su cantar se consuela</em></strong></p><p><strong><em>...</em></strong></p><p><strong><em>De "El Gaucho Martín Fierro", Juan Hernández, 1872</em></strong></p>	
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