Steve Earle y Allison Moorer

Por eso estoy especialmente feliz de haber ido a ver el concierto de Steve Earle (gracias Marcel), y no sólo haber recuperado ese pitido en mis oidos de la música en directo, sino haber recuperado y aprendido algunas sensaciones refrescantes y estimulantes. Disfrutar de la música, de la gente, de la fascinación por una bella mujer (que más da si virtual o ensoñada).
Sé que en el fondo de estas arenas sigue habiendo tierra húmeda, agua, hierba. Sé que tras este viento seco y punzante hay aire fresco y azul.
Sigo recordando, sigo aprendiendo. Gracias a todos los que me enseñáis, aunque a veces parezca dar la espalda a todos.
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