El señor de las arenas |
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Tú ves que el agua es más blanda que la piedra, pero si mucho pasa sobre ella, al final le hace rastro
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. La sonrisa atómica En tu sonrisa atómica están las de todas las mujeres que amé una vez. Aunque estés mucho más lejos de mi alcance que sumando lo lejos que estuve de cada una de ellas. Un mundo por en medio. Pero al tiempo tan cerca. Por tus ojos achinados, con tantas historias que contar, pasean al tiempo las imágenes mojadas de aquellos otros ojos. Y el olvido gesticula en tus manos para evocar unas manos siempre cálidas, siempre tendidas hacia mí, aunque demasiado lejos para mis entumecidos brazos.Todo se parece cuando uno busca con ansia. Por eso tú te pareces, porque eres irrepetible. La vida baila al son de tus carcajadas y bajo el timbal de tus sollozos, esos compañeros ocasionales con los que tropiezas de tarde en tarde. Esos que visitan de tarde en tarde cuando se vive apasionadamente. Tu masiva vitalidad hace que la realidad se deforme a tu alrededor, y que el espacio - tiempo sea un poco más bello, las personas un segundo más felices, y los sentimientos y sensaciones libres y sinceros por un glorioso instante. En tu sonrisa atómica, lejana pero cotidiana, firme y sincera, están todas las mujeres que amé en alguna ocasión. Tu sonrisa es, hasta para un encallecido peregrino de las dunas, un regalo inesperado, maravilloso y cotidiano. Porque está llena de vida, esa de la que eres una maestra, y una perpetua aprendiz. Siempre recordaré que una vez te conocí. El camino hacia Itaca... Hasta el primero de aquellos árboles. Aguanta sin aflojar...Hace años ese esprint llegaba hasta más allá del último de esa frondosa chopera, y puede que ya nunca vuelva a llegar hasta allí. Pero si ahora se queda en el primero de los árboles, con la constancia y el esfuerzo irá llegando más lejos. Vuelven a dolerme las piernas, con esos pinchazos tan molestos y familiares. Pero incluso contra el viento soy capaz de recordar que en otros tiempos, detrás de esos pinchazos, a los que no solía hacer caso, venían momentos de recompensa, de largos trayectos, de velocidad, de ascensos interminables. Sigo un poco más, pese al dolor de las piernas. Las sensaciones no son buenas, pero la fría objetividad del pequeño cuentakilómetros da una cifra inesperada de velocidad media. Un pequeño garabato en un pequeño chisme de cristal líquido es una bonita paradoja de lo pequeños que son a menudo los grandes estímulos. Cada vez el dolor va quedando un poco más en segundo plano, y la respiración da el ritmo al paisaje, que empieza a aparecer. Siempre pensé que era cuando se iba más despacio cuando se apreciaba más el paisaje. Pero en medio de la desazón del pedaleo hacia delante (sólo hay hacia delante) los campos verdes y los irredentos guijarrales componen un potente Pollock que fascina. Las primeras casas y algún paseante me sacan de mi ensoñación, y me llevan hasta casa. Es curioso cómo cualquier momento sobre una bicicleta supone una fiel y esclarecedora paradoja sobre la vida... El sueño de la razón... Vienes de cuando en cuando a visitarme a mis sueños. Puedo ver tu cuaderno de bitácora, tu huella virtual en lugares virtuales. Puedo llamarte, enviarte mensajes en botellas cibernéticas, que acaban en manos de los indígenas de otro continente aún desconocido.Pero sólo obtengo en ello el silencio de la brisa sobre los tomillos de mi alma. Sé que no será para siempre. Pero en este viaje sólo puedo añorarte Steve Earle y Allison Moorer Reconozco que a menudo me dejo superar por el miedo a disfrutar. Por el miedo a lo nuevo, incluso a lo excitante. No lo puedo negar.Por eso estoy especialmente feliz de haber ido a ver el concierto de Steve Earle (gracias Marcel), y no sólo haber recuperado ese pitido en mis oidos de la música en directo, sino haber recuperado y aprendido algunas sensaciones refrescantes y estimulantes. Disfrutar de la música, de la gente, de la fascinación por una bella mujer (que más da si virtual o ensoñada). Sé que en el fondo de estas arenas sigue habiendo tierra húmeda, agua, hierba. Sé que tras este viento seco y punzante hay aire fresco y azul. Sigo recordando, sigo aprendiendo. Gracias a todos los que me enseñáis, aunque a veces parezca dar la espalda a todos. |